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Claves para comprender el mundo desde el Feminismo (I) – Ciencia y Feminismo


Comprender el mundo desde el feminismo implica, en primer lugar, aprender a mirar desde otros lugares, utilizar otras gafas para ver el mundo que nos rodea, cambiar la perspectiva.

Esta tarea puede parece a priori sencilla, pero su dificultad radica en que requiere un trabajo de autocuestionamiento de todas y cada una de las rutinas de relación en y con nuestro entorno, las aprendidas desde nuestros primeros instantes de vida y presentes en todos nuestros procesos de socialización. Requiere hacer conscientes aquellas facetas de nuestro comportamiento que forman parte de nuestros procesos «automáticos», aquellos que nos salen sin darnos cuenta.


Comprender el concepto de género

Este concepto surgió para tratar de explicar todo aquello que las sociedades construyen para ordenar las relaciones sociales entre mujeres y hombres. Es decir, es una construcción simbólica e imaginaria que define los atributos asignados a las personas a partir de una interpretación cultural basada exclusivamente en su sexo (interpretaciones biológicas, físicas, económicas, sociales, psicológicas, eróticas, afectivas, jurídicas, políticas, culturales).

El hecho de que estas relaciones sociales se hayan basado históricamente en la diferencia sexual, ha sido la clave para estructurar una relación de poder que ha dado el dominio a lo masculino en detrimento de lo femenino. Cuando hablamos de género como construcción sociocultural, nos referimos a que tras ella existe una ideología que busca hacer prevalecer un orden social: el patriarcado (sistema de relaciones sociales instaurado por los varones para oprimir y dominar a las mujeres y apropiarse de su fuerza productiva y reproductiva).

El hecho de que nuestra vida esté atravesada por esta concepción de género determina nuestra manera de entender y relacionarnos con el mundo, es decir, nuestra manera de sentir, pensar y actuar. Esta es la razón por la que aprendemos unas determinadas conductas como «apropiadas» para los varones, diferentes de las supuestamente «apropiadas» para las mujeres.

El sexo es un componente biológico determinado a partir de la apariencia física de las personas. El hecho de que el género se asigne a partir del sexo biológico es la causa por la que a mujeres y hombres se nos asignan características diferentes.

Pero que esto sea así, no debe llevarnos a error: como constructo social, el género no sólo es transformable, si no también superable. Es decir, es una categoría que nos ha ayudado y nos ayuda a comprender las relaciones sociales existentes hasta el momento, pero es vital seguir profundizando en las múltiples formas de explotación y dominación de las mujeres hasta erradicarlas. En ese momento, la categoría género dejará de ser necesaria.


Comprender la división sexual del trabajo

Aludimos a la división sexual del trabajo para referenciar una forma de organización social que diseña distintos tipos de trabajos para hombres y mujeres en base en los atributos sexuales de los cuerpos, tomando como base ideológica el patriarcado.

A lo largo de la historia se nos ha tratado de convencer de que dicha división sexual es un hecho neutral y se ha recurrido a una percepción absolutamente esencialista y biologicista del cuerpo humano para explicarlo. De esta manera, nos han expuesto que “lo natural” en lo femenino es lo reproductivo (secundario y carente de valor, vinculado a la esfera de lo doméstico y los cuidados) y “lo natural” en lo masculino es lo productivo (prioritario y generador de riqueza, vinculado a la esfera pública y a los espacios de producción de pensamiento y toma de decisiones).

Una de las estrategias para difundir estas doctrinas deterministas ha sido subvencionar estudios pseudocientíficos que avalasen las directrices del nuevo orden social, político, económico y científico establecido presentándolo como natural. Sin embargo, existen numerosos estudios feministas que señalan tras estos intereses a la sociedad capitalista, patriarcal, burguesa y colonial, profundamente desigual y jerárquica.

Es fundamental recurrir a las contribuciones que el feminismo ha realizado y sigue realizando para comprender la magnitud del daño ejercido por este orden sociopolítico contra las mujeres en particular y las sociedades en su conjunto. Por esa razón, abordaremos cada semana un acercamiento a la relación Feminismo y Ciencia, clave para comprender que la ciencia forma parte de nuestras vidas y cambiar el orden establecido.


Referencias

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El mito del gen


El Mito del Gen: Genética, Epigenética y el Bucle Organismo-Ambiente.

Daniel Heredia Doval

 

Publicado originalmente en:
Medicina naturista, ISSN 1576-3080, Vol. 6, Nº 1, 2012, págs. 42-49

Introducción

La genética se ha convertido en los últimos años en una ciencia de vanguardia, no solo en el ámbito profesional de la biología, sino también por el enorme alcance social de sus descubrimientos y planteamientos. No en vano, prácticamente a diario la prensa nos ofrece el descubrimiento de un nuevo gen, un nuevo determinante hereditario implicado directamente en la manifestación de enfermedades o características físicas. Cáncer y Parkinson, talla y obesidad, longevidad, etc. Todo ello cuenta con una fuerte base genética que se reduce hasta uno o unos pocos genes. Pero, además de para caracteres físicos, también se han descrito un buen número de genes que conllevan una predisposición innata a desarrollar comportamientos tan complejos como el alcoholismo, las preferencias sexuales, la agresividad, el sentimiento religioso y hasta las habilidades para la conducción. El alcance de los genes no parece tener límite, y aunque el ambiente social y natural es reconocido como un detonante importante, es la genética en última instancia la que establece los límites de lo qué somos y lo qué podemos ser. El concepto de gen, por lo tanto, parece que no solo tiene una importancia científica, sino que ha permeado a la cultura popular hasta convertirse en un tema de relevancia e interés.

Pero, ¿qué es exactamente un gen?

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Pensamientos orgánicos…

The_Worm_That_Crawled_into_The_Solar_Disc_of_The_Sun


Se acabó el materialismo mecanicista, el organicismo ingenuo y la dictadura del determinismo. No somos esclavos de despóticos genes, ni el subproducto de nuestro entorno.

La construción de un sistema orgánico es siempre dialéctica. Todo objeto biológico es, en realidad, un «proceso biosemiótico», producto del diálogo entre su autopercepción, o su «mundo interior» (innenwelt), y un medio exterior decodificable, relevante y transformable (umwelt).

Una circuitería autopoiética emerge de la clásica dualidad «organismo-ambiente», como una contraposición categórica abstracta, indisoluble, irreductible. Un despliegue de señales, códigos, mensajes y signos acompaña a la Vida. La emergencia de conciencias, de lógicas, de un «pensamiento orgánico».

Bajo este diálogo se conforman funciones y se procesan operaciones, entradas y salidas de información, que mantienen nuestro sistema en ese estado de metaestabilidad adaptativa al que llamamos «vivir».

Procesos que obedecen a un «telos», a una razón autogénica, orientada a la homeostasis y la persistencia del ser a través del trabajo termodinámico, de su transformación relacional y material consigo mismo y con el entorno. Estructuras disipativas que cristalizan y se ordenan en un universo sumido en la entropía.

El diálogo es continuo. No se ha detenido nunca desde los albores de la Vida. No hay ruptura ontológica entre la construcción (desarrollo) de un organismo y su evolución filética, entre su aclimatación y su adaptación, sino en la ordenación cronológica subyacente.

Soy sujeto y objeto de mi propia evolución. Tengo 3.800 millones de años de edad.

http://bivoslab.biocore.es/talleres-b…/pensamiento-organico/